sábado, 10 de abril de 2010

Una perspectiva gay

Ahí está ella, con esa piel suave y ese par de pechos voluptuosos que hacen que cualquier hombre babee. Y aquí estoy yo, con esa cosa de no sé cuantos centímetros colgando entre mis piernas. Cualquiera podría pensar que me masturbo en las noches pensando en esa chica, pero no, la verdad es que a mí me gustaría ser ella, pero no sólo ella, sino que cualquier mujer, pero bonita eso si po´, no una hueona fea y plana. Y es más, no es solamente que quiera ser mujer, todo se resume en que odio ser gay.
“Nooo, si ser gay es una opción, yo respeto tus opciones”, qué opción ni que huea. Si antes de nacer Dios me hubiera dado a elegir, obviamente que habría elegido ser un hombre heterosexual, pero ¿qué le voy a hacer?, no me gusta la vagina po´

Ahí estoy con su huea dentro de mi boca, igual rica la huea, pa´ que voy a mentir. Ahora me abraza para darle ese toque romántico a nuestra tercera noche de sexo casual.
- oye.
- Dime – digo en un tono serio para mostrar mis ganas de dormir, pero el tipo tiene energía como para tirar diez polvos por noche.
- No quiero que pienses que esto para mí es sólo sexo. Tú de verdad me gustas y quiero algo serio.
- Lo sé.
¿Qué otra huea voy a decir?, si todos los culeados dicen lo mismo, llevo cinco años en el mundo gay, y todos te llenan de palabras hermosas y lindas promesas para después desaparecer sin explicación o dejarte por alguien mejor.

Ahí está sentado al frente mío, hablándome con un cigarro en su mano y un copete en la mesa; metidos en un bar de mala muerte, con su tono seductor y amigable. Si tuviera que describir a mi hueón perfecto, sería él, rico, simpático e inteligente, ¿el problema?, es que a él le gusta el choro, y a mí, el pico, too pal pico, pero ¿qué voy a hacer?, no todas las historias tienen su final feliz.
Fin.