Habían pedazos a mí alrededor, estaba sentado sobre mis rodillas en un baño, pero esos pedazos, no son una metáfora de que mi corazón estuviera así, roto, aunque pensándolo mejor, sí, también podría pensarse en esos trozos, como trozos de mi corazón; pero no, esos pedazos son vidrios, un espejo que fue y ya no es porque yo lo destruí con mi puño izquierdo que ahora está bañado en sangre… mi sangre.Es increíble… es increíble como el dolor físico ocasionado por uno mismo puede hacer que duela menos tú interior, aunque sea sólo por unos escasos segundos. El haber cerrado mi puño y golpear ese espejo me hizo sentir tan bien, de hecho, aún me siento bien de observar sangre y pequeños residuos de vidrio en mis nudillos.
Luego de varios minutos, decidí soltar mi mano de esa posición tan rígida en la que la tenía, y las vi, no sé si accidental o concientemente, pero de todas formas las vi… marcas en mi muñeca hechas por mí mismo hace seis meses atrás con un cuchillo, heridas que me hice… por ti; el espejo roto, también es un espejo que rompí por ti, y tú lo sabes, pero aún así no es suficiente para demostrarte todo lo que te amo, ¿qué más debo hacer para demostrártelo?, ¿matarme?, créeme, lo he pensado, pero soy muy cobarde para llevar a cabo ese plan.
Los minutos seguían transcurriendo, y nadie abría la puerta para interrumpir el ambiente que se había generado. Tal vez así debía seguir, para poder continuar con esa descabellada fórmula matemática que ya me había creado en mi cabeza para ese entonces: más dolor físico, menos dolor interior. Y lo vi… un tentador pedazo de vidrio del tamaño de un cuchillo, el mismo cuchillo de hace seis meses atrás.
Me acerqué a la tina, coloqué el tapón y abrí la llave del agua, se me hacía eterno el tiempo en ver como la bañera de llenaba lentamente, muy lentamente para mí gusto. Finalmente no lo soporté más e introduje mi muñeca en el agua, la cual cubría sólo un cuarto de mi antebrazo, pero no me importaba, con mi mano derecha tomé el pedazo de vidrio y lo acerqué a mi muñeca izquierda, para caer en este juego enfermo, en el que me hiciste caer otra vez.
