Dolor…
¿De dónde vienes?,
¿En qué momento te hiciste mejor refugio que la felicidad?,
¿En qué momento te hiciste lo que más odio y lo que más amo?,
¿Será desde que mi padre me abandonó?,
¿Será desde esa infancia solitaria y confusa?,
¿Será de la primera vez que me rompieron el corazón?,
¿Te busco voluntariamente?,
¿O es que llegas sin avisar?
Sé que ahora quiero sacarte,
Y que vengas sólo cuando se debe, y que no seas algo permanente,
Puedo sentir tus raíces clavadas en mí,
Costará sacarte, lo sé,
Pero la determinación ya está, y desde ahí voy a comenzar,
Y al momento de sacarte voy a sostenerte en mi mano,
Te voy a putear de los pies a la cabeza,
Pero después te voy a dar un beso de “gracias”,
Por haber sido lo único que me ha acompañado todos estos años,
Pero todo lo que llega se va,
Y al final simplemente serás,
Como un viejo amigo que viene a visitarme, pero no daré hospedaje.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
sábado, 10 de abril de 2010
Una perspectiva gay
Ahí está ella, con esa piel suave y ese par de pechos voluptuosos que hacen que cualquier hombre babee. Y aquí estoy yo, con esa cosa de no sé cuantos centímetros colgando entre mis piernas. Cualquiera podría pensar que me masturbo en las noches pensando en esa chica, pero no, la verdad es que a mí me gustaría ser ella, pero no sólo ella, sino que cualquier mujer, pero bonita eso si po´, no una hueona fea y plana. Y es más, no es solamente que quiera ser mujer, todo se resume en que odio ser gay.
“Nooo, si ser gay es una opción, yo respeto tus opciones”, qué opción ni que huea. Si antes de nacer Dios me hubiera dado a elegir, obviamente que habría elegido ser un hombre heterosexual, pero ¿qué le voy a hacer?, no me gusta la vagina po´
Ahí estoy con su huea dentro de mi boca, igual rica la huea, pa´ que voy a mentir. Ahora me abraza para darle ese toque romántico a nuestra tercera noche de sexo casual.
- oye.
- Dime – digo en un tono serio para mostrar mis ganas de dormir, pero el tipo tiene energía como para tirar diez polvos por noche.
- No quiero que pienses que esto para mí es sólo sexo. Tú de verdad me gustas y quiero algo serio.
- Lo sé.
¿Qué otra huea voy a decir?, si todos los culeados dicen lo mismo, llevo cinco años en el mundo gay, y todos te llenan de palabras hermosas y lindas promesas para después desaparecer sin explicación o dejarte por alguien mejor.
Ahí está sentado al frente mío, hablándome con un cigarro en su mano y un copete en la mesa; metidos en un bar de mala muerte, con su tono seductor y amigable. Si tuviera que describir a mi hueón perfecto, sería él, rico, simpático e inteligente, ¿el problema?, es que a él le gusta el choro, y a mí, el pico, too pal pico, pero ¿qué voy a hacer?, no todas las historias tienen su final feliz.
Fin.
“Nooo, si ser gay es una opción, yo respeto tus opciones”, qué opción ni que huea. Si antes de nacer Dios me hubiera dado a elegir, obviamente que habría elegido ser un hombre heterosexual, pero ¿qué le voy a hacer?, no me gusta la vagina po´
Ahí estoy con su huea dentro de mi boca, igual rica la huea, pa´ que voy a mentir. Ahora me abraza para darle ese toque romántico a nuestra tercera noche de sexo casual.
- oye.
- Dime – digo en un tono serio para mostrar mis ganas de dormir, pero el tipo tiene energía como para tirar diez polvos por noche.
- No quiero que pienses que esto para mí es sólo sexo. Tú de verdad me gustas y quiero algo serio.
- Lo sé.
¿Qué otra huea voy a decir?, si todos los culeados dicen lo mismo, llevo cinco años en el mundo gay, y todos te llenan de palabras hermosas y lindas promesas para después desaparecer sin explicación o dejarte por alguien mejor.
Ahí está sentado al frente mío, hablándome con un cigarro en su mano y un copete en la mesa; metidos en un bar de mala muerte, con su tono seductor y amigable. Si tuviera que describir a mi hueón perfecto, sería él, rico, simpático e inteligente, ¿el problema?, es que a él le gusta el choro, y a mí, el pico, too pal pico, pero ¿qué voy a hacer?, no todas las historias tienen su final feliz.
Fin.
lunes, 1 de marzo de 2010
Parte I
- ¿Y qué pasó con él?
- Murió asesinado, como hace un año. Pero nunca encontraron al asesino.
- ¿Cómo fue?
- Estaba amarrado en su cama, lo apuñalaron en el corazón y luego le cortaron la garganta. La policía pensó que fue su novio, pero nunca encontraron pruebas irrefutables.
- ¿Y tú?, ¿estabas enamorado de él?
- No digamos que enamorado sea la palabra indicada.
- ¿Y entonces?
- Digamos que era una especie de objetivo. El hecho de que estuviera con alguien sólo lo hacía más tentador, ya sabe, como cuando le dicen a un niño que no lo haga, el niño desea hacerlo con más ganas.
- ¿Y lo lograste?, ¿acostarte con él?
- Sí, lo logré. Pero no crea que fue tan fácil. Adrián realmente tenía el concepto de fidelidad muy marcado. Es por eso que la policía pensó que fue Omar, ya sabe, típico pendejo trastornado que no acepta una infidelidad y todas esas cosas.
- ¿Parece que no te afectó mucho su muerte?
- No, la verdad es que no. No culeaba tan bien, y tampoco lo tenía muy grande.
- ¿Entonces, eres receptor en tus relaciones sexuales?
- Jajaja. Vaya, vaya, vaya. Parece que el doctor tiene sus buenas preguntas de bajo de la manga después de todo. Que bueno, ya me estaba aburriendo. Y dígame doctor, ¿qué le gustaría a usted que yo fuera?
- …
- ¿Por qué me mira con esa cara tan seria?, ¿tiene miedo de responder?
- No responderé eso. Sabes que no tengo problemas con tus inclinaciones sexuales, pero así no soy yo. Y además, no es para eso que estamos aquí.
- Bien, entonces esto se volvió aburrido. Nos veremos pasado mañana. Adiosito.
Benjamín se levantó de su silla, caminó hasta la puerta y se fue sin mayor titubeo. El doctor Espinoza suspiró, abrió la ventana y sacó uno de sus chocolates de menta que era lo único que lo calmaba en momentos de tensión.
- Murió asesinado, como hace un año. Pero nunca encontraron al asesino.
- ¿Cómo fue?
- Estaba amarrado en su cama, lo apuñalaron en el corazón y luego le cortaron la garganta. La policía pensó que fue su novio, pero nunca encontraron pruebas irrefutables.
- ¿Y tú?, ¿estabas enamorado de él?
- No digamos que enamorado sea la palabra indicada.
- ¿Y entonces?
- Digamos que era una especie de objetivo. El hecho de que estuviera con alguien sólo lo hacía más tentador, ya sabe, como cuando le dicen a un niño que no lo haga, el niño desea hacerlo con más ganas.
- ¿Y lo lograste?, ¿acostarte con él?
- Sí, lo logré. Pero no crea que fue tan fácil. Adrián realmente tenía el concepto de fidelidad muy marcado. Es por eso que la policía pensó que fue Omar, ya sabe, típico pendejo trastornado que no acepta una infidelidad y todas esas cosas.
- ¿Parece que no te afectó mucho su muerte?
- No, la verdad es que no. No culeaba tan bien, y tampoco lo tenía muy grande.
- ¿Entonces, eres receptor en tus relaciones sexuales?
- Jajaja. Vaya, vaya, vaya. Parece que el doctor tiene sus buenas preguntas de bajo de la manga después de todo. Que bueno, ya me estaba aburriendo. Y dígame doctor, ¿qué le gustaría a usted que yo fuera?
- …
- ¿Por qué me mira con esa cara tan seria?, ¿tiene miedo de responder?
- No responderé eso. Sabes que no tengo problemas con tus inclinaciones sexuales, pero así no soy yo. Y además, no es para eso que estamos aquí.
- Bien, entonces esto se volvió aburrido. Nos veremos pasado mañana. Adiosito.
Benjamín se levantó de su silla, caminó hasta la puerta y se fue sin mayor titubeo. El doctor Espinoza suspiró, abrió la ventana y sacó uno de sus chocolates de menta que era lo único que lo calmaba en momentos de tensión.
domingo, 20 de julio de 2008
Pedazos
Habían pedazos a mí alrededor, estaba sentado sobre mis rodillas en un baño, pero esos pedazos, no son una metáfora de que mi corazón estuviera así, roto, aunque pensándolo mejor, sí, también podría pensarse en esos trozos, como trozos de mi corazón; pero no, esos pedazos son vidrios, un espejo que fue y ya no es porque yo lo destruí con mi puño izquierdo que ahora está bañado en sangre… mi sangre.Es increíble… es increíble como el dolor físico ocasionado por uno mismo puede hacer que duela menos tú interior, aunque sea sólo por unos escasos segundos. El haber cerrado mi puño y golpear ese espejo me hizo sentir tan bien, de hecho, aún me siento bien de observar sangre y pequeños residuos de vidrio en mis nudillos.
Luego de varios minutos, decidí soltar mi mano de esa posición tan rígida en la que la tenía, y las vi, no sé si accidental o concientemente, pero de todas formas las vi… marcas en mi muñeca hechas por mí mismo hace seis meses atrás con un cuchillo, heridas que me hice… por ti; el espejo roto, también es un espejo que rompí por ti, y tú lo sabes, pero aún así no es suficiente para demostrarte todo lo que te amo, ¿qué más debo hacer para demostrártelo?, ¿matarme?, créeme, lo he pensado, pero soy muy cobarde para llevar a cabo ese plan.
Los minutos seguían transcurriendo, y nadie abría la puerta para interrumpir el ambiente que se había generado. Tal vez así debía seguir, para poder continuar con esa descabellada fórmula matemática que ya me había creado en mi cabeza para ese entonces: más dolor físico, menos dolor interior. Y lo vi… un tentador pedazo de vidrio del tamaño de un cuchillo, el mismo cuchillo de hace seis meses atrás.
Me acerqué a la tina, coloqué el tapón y abrí la llave del agua, se me hacía eterno el tiempo en ver como la bañera de llenaba lentamente, muy lentamente para mí gusto. Finalmente no lo soporté más e introduje mi muñeca en el agua, la cual cubría sólo un cuarto de mi antebrazo, pero no me importaba, con mi mano derecha tomé el pedazo de vidrio y lo acerqué a mi muñeca izquierda, para caer en este juego enfermo, en el que me hiciste caer otra vez.
domingo, 18 de mayo de 2008
Un Nuevo Milagro
Javier, quien tenía en ese entonces 17 años, nunca había tenido una relación seria en toda su vida, hasta que finalmente eso cambio tras decidir tener una cita a ciegas con un completo extraño que había conocido por chat en los momentos de ocio cuya única distracción era el tecleo del computador.
Habían decidido juntarse en una plaza, a las 19:00 hrs. cuando el ocaso comienza a desaparecer y las personas parecen espectros que van y vienen por las calles de la ciudad.
Javier estaba esperando sentado en una banca perdido en sus pensamientos, sueños y temores. De repente observó que a la distancia se acercaba un hombre que tenía la misma descripción del chico del chat, poco a poco se acercó hasta comprobar que sí era Él. La tarde estaba tibia, al igual que las manos de Javier que recién se había percatado del nerviosismo que lo invadía.
- ¿Por dónde empiezo?, mi nombre es Javier y como ya sabes, tengo 17 años.
Pasaron unos breves segundos antes de que el joven respondiera.
- ¿A qué edad te diste cuenta que eras...?
- A los 12
- Te has metido con alguien alguna vez?.
- ¿Hombre?..., no , ¿y tú?
Nuevamente pasaron unos segundos antes de escuchar una respuesta, y cuando lo hizo, respondió con otra.
- Yo me llamo Rodrigo y tengo 25...
- Veinti, veinti
Javier tuvo que tragar la saliva que inundó rápidamente su boca.
- ¿25?
- Sí, ¿algún problema?
- No, es sólo que cuando hablamos por el chat, me dijiste que tenías 20.
- Bueno, ahora te digo que tengo 25.
- Oh, está bien, no importa que me hayas mentido.
- Qué bien...
- ¿Sabes?, tengo frío, ¿podemos ir a mi casa?
- Como quieras
Ambos comenzaron a caminar por las calles que habían visto crecer a Javier.
- ¿Con quién nos encontraremos allá?
- Con mi mamá y mi hermana.
Siguieron caminando y conversando hasta detenerse enfrente de la casa de Javier. Sin mayor titubeó Javier abrió la puerta y frente a frente se encontró con su hermana quien tiernamente extendió sus brazos, acercándolo a sus labios que dejaron en su frente la huella de un lápiz labial entre rojo y naranjo.
- Hola Vale, vine con un amigo, se llama Rodrigo.
- ¿Rodrigo?
- ¿Valeria?
- ¿Acaso se conocen?
- Bueno, el , es...es...mi...mi ex –pololo
- ¿Qué?
- Anduvimos juntos en el colegio, incluso venía para la casa, me asombra que no lo conocieras desde antes.
- Rodrigo ¿es verdad?
- ...Sí.
Luego de tomar una bebida, decidieron salir ya que tenían mucho de qué conversar. Javier aún no podía creer que la persona que estaba a su lado y que en este momento le estaba empezando a gustar, fuera ex –pololo de su hermana. Siguieron caminando hasta que llegaron a la casa de Rodrigo.
- Bien, aquí es.
- Algo lejos.
- Te acostumbrarás.
- ¿A venir acá?... sí, creo que sí.
Ambos, con una mirada cómplice, se miraron profundamente, ninguno de los 2 pudo explicarse cómo sucedió, sólo ocurrió, un beso largo y profundo unió esas dos almas que tan sólo pocas horas atrás se habían conocido. Cuando ambos se detuvieron, se miraron nuevamente, con ese tipo de mirada que penetra a los rincones más profundos del alma y del corazón. Luego sonrieron. Rodrigo se fue a su casa, pero siempre mirando atrás, al hombre al que acababa de besar.
Y así empezaron a salir. Javier estaba muy feliz, como nunca lo había sido en toda su vida, por primera vez podía ser como era realmente, sin la necesidad de reprimirse. De a poco las cosas se fueron dando y Javier tuvo sus primeras relaciones sexuales, perdiendo su virginidad con Rodrigo. Todo el mundo estaba muy feliz por Javier, en especial su familia, que por fin veían como él iba dejando atrás su amargura y depresión que por tantos años lo habían consumido. Javier se sentía muy feliz, como nunca antes lo había sido en toda su vida
- Me siento tan feliz, Feña.
- Pucha, que buena onda, Javier.
Fernanda era la mejor amiga de Javier, se conocían desde los 8 años, eran como hermanos.
- Y...¿ cuánto llevan saliendo?
- 2 meses, han sido los mejores meses de mi vida.
- Y, ¿cuándo empezaría el pololeo?
- No lo sé, quiere que nos juntemos hoy en mi restaurante, pero no me dijo absolutamente nada sobre pololeo.
- Ojalá te lo proponga...¿eso significa que ya eres?
- Supongo, no. No supongo, sí, estoy seguro de quién soy.
Javier y Rodrigo estaban, como habían acordado, en el restaurante, sentados en una mesa tomando un café.
- ¿Y...?
- ¿Y...?
- Rodrigo, quiero decirte algo importante
- ¿Sobre qué?
- Sobre los 2. Rodrigo, tú me gustas demasiado, y creo que podríamos pasar de “amigos con ventajas” a algo más serio.
- Cielos, Javier no sé qué decirte.
- Sólo di que sí.
- No puedo...Javier, de eso quería hablarte, tú y yo somos amigos, y ahora que te hiciste estas ilusiones, no lo sé, no quiero que sufras, así que prefiero que no pase nada más entre nosotros.
- ¿Así de la nada?,¿ sin razón aparente?
- Conocí a alguien Javier, alguien que me gusta mucho, creo que es el amor de mi vida, y voy a intentarlo por él. Se llama Andrés, vive a dos horas de aquí, tiene 17 años y...
- ¿Me vas a dar su biografía?
- Supongo que no.
- Entonces ¿qué?, debo entender que después de hacerlo conmigo lo conociste, después lo volviste a hacer conmigo y ¿ te decidiste por él?
- Algo así.
Javier comienza a llorar
- Pero Javier, aún podemos ser amigos.
- No, por favor, no seas tan superficial.
- Pero a mí me gustaría ser quien te aconseje.
- Ándate, por favor ándate.
- Bien, si es lo que quieres, me iré.
Rodrigo se paró de la mesa y con paso rápido dejó el lugar. Javier lo siguió con la mirada y con sus ojos llenos de lágrimas mientras el sufrimiento lo inundaba como nunca antes lo había hecho. Nunca había sentido tanto dolor como cuando vio al hombre al que quería alejarse cada vez más, dejando con cada paso un espacio mayor que, hasta que no quedar NADA.
Javier se sentía tan mal que decidió bajar a la bodega del restaurante. Allí pudo llorar como pocas veces lo había hecho, con la complicidad del silencio y la luz apagada. De repente escuchó como alguien se acercaba, la luz se encendió y pudo ver a Roberto, un joven de 25 años que administraba el local.
- Javier, ¿te pasa algo?
- ¡Noo!, estoy bien, estoy en un crucero por Europa ¿No ves mi cara?
- -¿Qué te pasó?
- Terminé, me patearon.
Roberto sacó un cigarro, lo prendió y sin consultar, comenzó a fumar.
- ¿Quieres uno?
- No fumo, gracias...bueno ya.
Javier puso el cigarro en su boca y Roberto lo encendió. La tos y el ahogo, por la no costumbre de fumar, vinieron rápidamente a la boca de Javier.
- ¡Dios!, esto si que es fuerte.
- Vamos.
- ¿A dónde?
- Conozco un lugar donde te sentirás mejor.
Sin darse cuenta, Javier y Roberto estaban en la barra de un escondido bar tomando.
- Es sólo que no lo entiendo, una noche me dice: “¿Sabes qué?, hoy no quiero salir con mis amigos, prefiero quedarme contigo” y otra noche me dice:”¡Uuups!, lo siento, me enamoré, muchas gracias, pero ya no necesito de tus servicios, aparte que das muy mal sexo oral”
Javier comienza a llorar.
- Eso del amor son puras tonterías, sigue mi consejo, vida sin amor es mucho mejor.
- Cielos, ¿Te lastimaron en el pasado verdad?
- Si, esa persona me hirió mucho, fíjate que hasta estuve en el hospital.
- ¿Esa persona era él o ella?
- Ella, qué pregunta más obvia.
- No, no lo es, la persona de la que yo te hablé es hombre, así que no es tan obvio.
- Mmm... bien...Se llamaba Antonio.
- Ja, ja ja..¡Bien venido al club!
Luego de unas buenas horas de conversación, Roberto fue a dejar a Javier a su casa. Javier le agradeció el tiempo de charla y se despidieron con un fuerte apretón de manos.
Javier entró a su casa, directo a su habitación, se acostó, pero no pudo dormir. Se levantó y estuvo toda la noche en la cocina con la luz apagada, tomando café y escuchando música, que de alguna forma, le ayudaba a opacar el dolor, aunque fuera levemente.
Al otro día, la hermana de Javier, Valeria, entró a la cocina.
- ¿Javier, estuviste despierto toda la noche?
Javier miró a su hermana, y no pudo ocultar los ojos rojos y el rostro lleno de lágrimas.
- El Rodrigo me cambió, me dejó por otro.
- Entonces, lo que te contaré te alegrará el día, porque mi mamá lo contrató para que trabajara en el negocio, como contador.
- Genial, ¿por qué no?
Al otro día, Javier estaba en el restaurante, en la barra, haciéndose un café, cuando de pronto llegó Rodrigo y se acercó a él.
- ¡Hola Javier!
Javier no le respondió.
- No sé porque siento que me odias.
- Entonces deberías ser adivino, porque te odio.
- Te traje algo.
Rodrigo le da un regalo a Javier, quien sin pensarlo dos veces arroja el obsequio al basurero.
-Bien, entiendo.
Rodrigo se va, Javier lo mira y sus ojos se ponen llorosos.
Javier está en una consulta, sentado, el doctor al frente de él, sentado también.
- Doctor, necesito que me ayude, como sabrá, hay un nervio llamado nervio olfativo que te ayuda a sentir los olores.
- ¿Y?
- Quiero que me lo extraiga.
- ¿Disculpe?
- Lo que escuchó, no estoy loco.
- ¿Y por qué querría hacer cosa semejante?
- ¿Cómo puedo explicarle esto?, verá, yo estaba saliendo con alguien, y usaba un desodorante que olía muy, muy bien.
Javier comienza a llorar.
- ¡Y no sé por qué mierda todo el mundo usa ese desodorante últimamente!, y cada vez que lo oloroso en el cuerpo de otra persona me recuerda al tipo con el que estaba saliendo, y de lo feliz que era antes de que decidiera cambiarme por otro, y después me pongo muy triste, y después me da mucha rabia conmigo mismo, ¡y después entro en un colapso que ni siquiera puedo controlar!. Y yo pensaba doctor, que si usted se compadecía de mí e hiciera un corto circuito en mi nariz, tal vez algún día tenga la posibilidad de tener una vida semi- normal.
- ...De acuerdo.
Javier se encontraba en el restaurante, cuando Rodrigo pasó por su lado. Javier inspira muy hondo y no pudo evitar sonreír, Al fin había desaparecido, no había olor alguno. En ese preciso momento Roberto llegó.
- ¡Hola poh!
- Hola Roberto.
- ¿Cómo estás?
- Mejor. Sin duda odiar es mejor, duele menos.
- Tenemos reunión ahora, ¿te unes?
- ¿Por qué no?
Sentados en unas sillas en círculo, estaban Roberto, Rodrigo, un par de garzones, Javier, Valeria y la mamá de estos dos últimos, quien comienza a hablar.
- Pienso, y creo, que debemos empezar a pensar de ganarle a la competencia, Rodrigo, tú eres nuevo aquí, tal vez tengas nuevas y mejores ideas.
- Bueno, yo pienso que podríamos entregar volantes donde hablen de lo romántico que es este lugar, uno puede venir acá con su pareja y disfrutar una noche romántica en un buen ambiente. Como ese comercial que vi donde ella lloraba en los brazos de él mientras cenaban, de hecho me emocioné mucho, casi lloro.
Javier comenzó a reír, todas las miradas se posaron en él y Roberto que estaba sentado al lado de él, quien le siguió el juego y también comenzó a reírse sin parar.
- Javier, hijo, ¿pasa algo?
- Lo siento mamá, es sólo que... ¿puedes creer cómo es Rodrigo? tan sensible, tan humano, tan... ¡devastado!
Javier se pone de pie y comienza a echarse aire en la cara con un papel.
- Sí, pues, muy sensible, ¿no Rodrigo?, cuando estamos hablando de un comercial cebollero. Pero en la vida real y cuando se trata de mí ¿dónde queda tu sensibilidad?, ¡en ninguna parte!, como cuando te dije que te amaba, ¡Y te dio lo mismo romperme el corazón! ¿¡verdad!? ¡ah!...¡aaaaaaah!
Javier sube las escaleras enojado y se va, dejando tras de él a todos asombrados.
Javier está en el segundo piso sentado en una silla. De pronto llega su mamá y se le acerca.
- ¿Vienes a retarme?
- No, sé lo que pasó entre tú y Rodrigo, la Vale me lo contó todo.
- ¿Te avergoncé?
- Javier, me da lo mismo que todo el mundo sepa, pero no puedes explotar de esa forma, debes aprender a dominar tus emociones.
- Entonces, ¿por qué lo contrataste a él?...entre tanta gente...¿debías contratarlo a él?
- Bueno, me gustó su currículum, y creo que hay que saber separar las cosas.
- Bien, intentaré no sacar mi rabia de esa forma...¿que tan difícil puede ser?, debo canalizarla de otra forma. Por favor, discúlpame.
Ya era de noche, no quedaba nadie en el restaurante, sólo Javier en la oficina de su mamá escribiendo algo en el computador. En ese momento entró Roberto.
- ¿Aún estás aquí?, se fueron todos.
- Trabajo en algo.
- ¿En qué?, si se puede saber.
- Estoy canalizando mi rabia de otra forma, le escribiré al Andrés diciéndole toda la basura que es el Rodrigo. Le daré 10 razones por las cuales debe terminar con él.
- ¿Por qué no me dijiste que era el Rodrigo?
- Lo siento, se me fue.
- Javier, ¿te das cuenta de lo que estás haciendo?, ¿por qué no puedes simplemente olvidarlo?
- No puedo.
- ¿Por qué no?, se terminó, él se lo pierde, supéralo.
- No puedo.
- Sí, sí puedes.
- No puedo, no puedo porque era feliz, porque toda mi vida estuve esperando por algo que nuca llegaba hasta que conocí al maldito.
Javier comienza a llorar
- Y no entiendo porque me cambiaron, como si hubiera algo malo conmigo, y me siento una basura.
Roberto se acerca a Javier y lo abraza.
- Cuesta creerlo Javier, pero volverás a amar, puede volver a ocurrir un milagro como ese, te prometo que el Rodrigo no será el único hombre en tu vida.
Javier abrió los ojos y se dio cuenta que se había quedado dormido en los brazos de Roberto. Los 2 se habían recostado en el suelo, conversando hasta que el cansancio y el sueño los venció.
- Parece que nos quedamos dormidos.
- Así parece.
- ¿Te sientes mejor?
- Algo, gracias.
- ¿Qué vas a hacer sobre tu venganza?
- Tengo una idea.
La idea que Javier tenía, consistía en hacer una noche de debate en el restaurante, donde el público pudiera opinar sobre un tema: “¿Qué opinan sobre la gente que cambia a su pareja por otra?”, sería algo lúdico donde el público podría participar y opinar. Y, al parecer, el plan resultó. Esa noche el restaurante se llenó, al parecer la historia de Javier era muy común, más común de lo que Javier pensaba, y eso en parte lo aliviaba. Había un pequeño escenario con un micrófono donde la gente podía subirse a opinar:
“Yo opino que esta bien, uno puede enamorarse y desenamorarse todas las veces que sea posible, uno no tiene la culpa, uno no puede controlar sus sentimientos”
“Encuentro que la gente que hace eso es una persona mal nacida, cómo alguien puede hacer eso sin importarle los sentimientos de la otra personas, porque mierda no pensó antes de estar con esa persona antes de decidirse a cambiarla”
Esas fueron algunas de las opiniones.
Al final de la noche ya nadie parecía tener ninguna opinión, la gente comenzaba a aburrirse y la mamá de Javier comenzaba a preocuparse. De pronto, Javier se paró en el escenario, todo el mundo se calló y lo miró fijo.
- Yo tengo algo más que decir.
Roberto se enojó y se fue sin que Javier lo notase.
- Muy pocos saben que yo fui el que organizó esta noche, y tal vez algunos se preguntarán ¿por qué?, ¡¿acaso no es obvia la respuesta?!. Yo salía con alguien, y sí que era feliz, era todo lo que necesitaba, hasta que me dejó, me cambió, sentí como todo mi mundo se derrumbó y nada parecía tener sentido, como si fuera imposible que un milagro así pudiera volver a ocurrirme, pero ¿saben algo?, sí puede ocurrir, a veces todo lo que necesitas es alguien que te diga que Rodrigo no va a ser el único idiota en tu vida.
Las miradas de todos los trabajadores del restaurante se voltearon hacia Rodrigo quien sonríe nerviosamente.
- Creo que no me había dado cuenta.
Javier se baja del escenario mientras toda la gente comienza a aplaudir.
- Mamá, ¿dónde está Roberto?
- Estaba aquí hace un minuto, debe haberse ido.
Javier sale del restaurante y comienza a correr, ve a Roberto caminando a espaldas de él y grita su nombre, Roberto se da media vuelta y se detiene, Javier llega donde él.
- Roberto...
- ¿Terminaste tu discurso?
- Deberías haberte quedado... Roberto, yo , lo siento...todo lo que siempre he necesitado ha estado al lado mío y nunca me di cuenta. Tal ves tú no pienses como yo, y tampoco pienses que te estoy usando como almohada porque tampoco es así...sólo necesito a alguien como tú, y sé que tú necesitas a alguien como yo que te pueda curar todas las heridas que te hizo ese tal Antonio, así que ¿qué dices?, me darás una oportunidad.
- ¿Qué podemos perder?
- Todo
- ¿Nada más verdad?
Ambos sonrieron, se abrazan y besaron.
“ Bien, muchos estarán pensando ¡oh! genial esta es otra historia con un final feliz, una historia que a mí aún no me ocurre. Pero, no se desesperen, si los alegra un poco, les contaré que terminé con Roberto después de 2 meses, pero bueno, habrá que esperar, un milagro puede ocurrir por tercera vez... ¿o no?”
Habían decidido juntarse en una plaza, a las 19:00 hrs. cuando el ocaso comienza a desaparecer y las personas parecen espectros que van y vienen por las calles de la ciudad.
Javier estaba esperando sentado en una banca perdido en sus pensamientos, sueños y temores. De repente observó que a la distancia se acercaba un hombre que tenía la misma descripción del chico del chat, poco a poco se acercó hasta comprobar que sí era Él. La tarde estaba tibia, al igual que las manos de Javier que recién se había percatado del nerviosismo que lo invadía.
- ¿Por dónde empiezo?, mi nombre es Javier y como ya sabes, tengo 17 años.
Pasaron unos breves segundos antes de que el joven respondiera.
- ¿A qué edad te diste cuenta que eras...?
- A los 12
- Te has metido con alguien alguna vez?.
- ¿Hombre?..., no , ¿y tú?
Nuevamente pasaron unos segundos antes de escuchar una respuesta, y cuando lo hizo, respondió con otra.
- Yo me llamo Rodrigo y tengo 25...
- Veinti, veinti
Javier tuvo que tragar la saliva que inundó rápidamente su boca.
- ¿25?
- Sí, ¿algún problema?
- No, es sólo que cuando hablamos por el chat, me dijiste que tenías 20.
- Bueno, ahora te digo que tengo 25.
- Oh, está bien, no importa que me hayas mentido.
- Qué bien...
- ¿Sabes?, tengo frío, ¿podemos ir a mi casa?
- Como quieras
Ambos comenzaron a caminar por las calles que habían visto crecer a Javier.
- ¿Con quién nos encontraremos allá?
- Con mi mamá y mi hermana.
Siguieron caminando y conversando hasta detenerse enfrente de la casa de Javier. Sin mayor titubeó Javier abrió la puerta y frente a frente se encontró con su hermana quien tiernamente extendió sus brazos, acercándolo a sus labios que dejaron en su frente la huella de un lápiz labial entre rojo y naranjo.
- Hola Vale, vine con un amigo, se llama Rodrigo.
- ¿Rodrigo?
- ¿Valeria?
- ¿Acaso se conocen?
- Bueno, el , es...es...mi...mi ex –pololo
- ¿Qué?
- Anduvimos juntos en el colegio, incluso venía para la casa, me asombra que no lo conocieras desde antes.
- Rodrigo ¿es verdad?
- ...Sí.
Luego de tomar una bebida, decidieron salir ya que tenían mucho de qué conversar. Javier aún no podía creer que la persona que estaba a su lado y que en este momento le estaba empezando a gustar, fuera ex –pololo de su hermana. Siguieron caminando hasta que llegaron a la casa de Rodrigo.
- Bien, aquí es.
- Algo lejos.
- Te acostumbrarás.
- ¿A venir acá?... sí, creo que sí.
Ambos, con una mirada cómplice, se miraron profundamente, ninguno de los 2 pudo explicarse cómo sucedió, sólo ocurrió, un beso largo y profundo unió esas dos almas que tan sólo pocas horas atrás se habían conocido. Cuando ambos se detuvieron, se miraron nuevamente, con ese tipo de mirada que penetra a los rincones más profundos del alma y del corazón. Luego sonrieron. Rodrigo se fue a su casa, pero siempre mirando atrás, al hombre al que acababa de besar.
Y así empezaron a salir. Javier estaba muy feliz, como nunca lo había sido en toda su vida, por primera vez podía ser como era realmente, sin la necesidad de reprimirse. De a poco las cosas se fueron dando y Javier tuvo sus primeras relaciones sexuales, perdiendo su virginidad con Rodrigo. Todo el mundo estaba muy feliz por Javier, en especial su familia, que por fin veían como él iba dejando atrás su amargura y depresión que por tantos años lo habían consumido. Javier se sentía muy feliz, como nunca antes lo había sido en toda su vida
- Me siento tan feliz, Feña.
- Pucha, que buena onda, Javier.
Fernanda era la mejor amiga de Javier, se conocían desde los 8 años, eran como hermanos.
- Y...¿ cuánto llevan saliendo?
- 2 meses, han sido los mejores meses de mi vida.
- Y, ¿cuándo empezaría el pololeo?
- No lo sé, quiere que nos juntemos hoy en mi restaurante, pero no me dijo absolutamente nada sobre pololeo.
- Ojalá te lo proponga...¿eso significa que ya eres?
- Supongo, no. No supongo, sí, estoy seguro de quién soy.
Javier y Rodrigo estaban, como habían acordado, en el restaurante, sentados en una mesa tomando un café.
- ¿Y...?
- ¿Y...?
- Rodrigo, quiero decirte algo importante
- ¿Sobre qué?
- Sobre los 2. Rodrigo, tú me gustas demasiado, y creo que podríamos pasar de “amigos con ventajas” a algo más serio.
- Cielos, Javier no sé qué decirte.
- Sólo di que sí.
- No puedo...Javier, de eso quería hablarte, tú y yo somos amigos, y ahora que te hiciste estas ilusiones, no lo sé, no quiero que sufras, así que prefiero que no pase nada más entre nosotros.
- ¿Así de la nada?,¿ sin razón aparente?
- Conocí a alguien Javier, alguien que me gusta mucho, creo que es el amor de mi vida, y voy a intentarlo por él. Se llama Andrés, vive a dos horas de aquí, tiene 17 años y...
- ¿Me vas a dar su biografía?
- Supongo que no.
- Entonces ¿qué?, debo entender que después de hacerlo conmigo lo conociste, después lo volviste a hacer conmigo y ¿ te decidiste por él?
- Algo así.
Javier comienza a llorar
- Pero Javier, aún podemos ser amigos.
- No, por favor, no seas tan superficial.
- Pero a mí me gustaría ser quien te aconseje.
- Ándate, por favor ándate.
- Bien, si es lo que quieres, me iré.
Rodrigo se paró de la mesa y con paso rápido dejó el lugar. Javier lo siguió con la mirada y con sus ojos llenos de lágrimas mientras el sufrimiento lo inundaba como nunca antes lo había hecho. Nunca había sentido tanto dolor como cuando vio al hombre al que quería alejarse cada vez más, dejando con cada paso un espacio mayor que, hasta que no quedar NADA.
Javier se sentía tan mal que decidió bajar a la bodega del restaurante. Allí pudo llorar como pocas veces lo había hecho, con la complicidad del silencio y la luz apagada. De repente escuchó como alguien se acercaba, la luz se encendió y pudo ver a Roberto, un joven de 25 años que administraba el local.
- Javier, ¿te pasa algo?
- ¡Noo!, estoy bien, estoy en un crucero por Europa ¿No ves mi cara?
- -¿Qué te pasó?
- Terminé, me patearon.
Roberto sacó un cigarro, lo prendió y sin consultar, comenzó a fumar.
- ¿Quieres uno?
- No fumo, gracias...bueno ya.
Javier puso el cigarro en su boca y Roberto lo encendió. La tos y el ahogo, por la no costumbre de fumar, vinieron rápidamente a la boca de Javier.
- ¡Dios!, esto si que es fuerte.
- Vamos.
- ¿A dónde?
- Conozco un lugar donde te sentirás mejor.
Sin darse cuenta, Javier y Roberto estaban en la barra de un escondido bar tomando.
- Es sólo que no lo entiendo, una noche me dice: “¿Sabes qué?, hoy no quiero salir con mis amigos, prefiero quedarme contigo” y otra noche me dice:”¡Uuups!, lo siento, me enamoré, muchas gracias, pero ya no necesito de tus servicios, aparte que das muy mal sexo oral”
Javier comienza a llorar.
- Eso del amor son puras tonterías, sigue mi consejo, vida sin amor es mucho mejor.
- Cielos, ¿Te lastimaron en el pasado verdad?
- Si, esa persona me hirió mucho, fíjate que hasta estuve en el hospital.
- ¿Esa persona era él o ella?
- Ella, qué pregunta más obvia.
- No, no lo es, la persona de la que yo te hablé es hombre, así que no es tan obvio.
- Mmm... bien...Se llamaba Antonio.
- Ja, ja ja..¡Bien venido al club!
Luego de unas buenas horas de conversación, Roberto fue a dejar a Javier a su casa. Javier le agradeció el tiempo de charla y se despidieron con un fuerte apretón de manos.
Javier entró a su casa, directo a su habitación, se acostó, pero no pudo dormir. Se levantó y estuvo toda la noche en la cocina con la luz apagada, tomando café y escuchando música, que de alguna forma, le ayudaba a opacar el dolor, aunque fuera levemente.
Al otro día, la hermana de Javier, Valeria, entró a la cocina.
- ¿Javier, estuviste despierto toda la noche?
Javier miró a su hermana, y no pudo ocultar los ojos rojos y el rostro lleno de lágrimas.
- El Rodrigo me cambió, me dejó por otro.
- Entonces, lo que te contaré te alegrará el día, porque mi mamá lo contrató para que trabajara en el negocio, como contador.
- Genial, ¿por qué no?
Al otro día, Javier estaba en el restaurante, en la barra, haciéndose un café, cuando de pronto llegó Rodrigo y se acercó a él.
- ¡Hola Javier!
Javier no le respondió.
- No sé porque siento que me odias.
- Entonces deberías ser adivino, porque te odio.
- Te traje algo.
Rodrigo le da un regalo a Javier, quien sin pensarlo dos veces arroja el obsequio al basurero.
-Bien, entiendo.
Rodrigo se va, Javier lo mira y sus ojos se ponen llorosos.
Javier está en una consulta, sentado, el doctor al frente de él, sentado también.
- Doctor, necesito que me ayude, como sabrá, hay un nervio llamado nervio olfativo que te ayuda a sentir los olores.
- ¿Y?
- Quiero que me lo extraiga.
- ¿Disculpe?
- Lo que escuchó, no estoy loco.
- ¿Y por qué querría hacer cosa semejante?
- ¿Cómo puedo explicarle esto?, verá, yo estaba saliendo con alguien, y usaba un desodorante que olía muy, muy bien.
Javier comienza a llorar.
- ¡Y no sé por qué mierda todo el mundo usa ese desodorante últimamente!, y cada vez que lo oloroso en el cuerpo de otra persona me recuerda al tipo con el que estaba saliendo, y de lo feliz que era antes de que decidiera cambiarme por otro, y después me pongo muy triste, y después me da mucha rabia conmigo mismo, ¡y después entro en un colapso que ni siquiera puedo controlar!. Y yo pensaba doctor, que si usted se compadecía de mí e hiciera un corto circuito en mi nariz, tal vez algún día tenga la posibilidad de tener una vida semi- normal.
- ...De acuerdo.
Javier se encontraba en el restaurante, cuando Rodrigo pasó por su lado. Javier inspira muy hondo y no pudo evitar sonreír, Al fin había desaparecido, no había olor alguno. En ese preciso momento Roberto llegó.
- ¡Hola poh!
- Hola Roberto.
- ¿Cómo estás?
- Mejor. Sin duda odiar es mejor, duele menos.
- Tenemos reunión ahora, ¿te unes?
- ¿Por qué no?
Sentados en unas sillas en círculo, estaban Roberto, Rodrigo, un par de garzones, Javier, Valeria y la mamá de estos dos últimos, quien comienza a hablar.
- Pienso, y creo, que debemos empezar a pensar de ganarle a la competencia, Rodrigo, tú eres nuevo aquí, tal vez tengas nuevas y mejores ideas.
- Bueno, yo pienso que podríamos entregar volantes donde hablen de lo romántico que es este lugar, uno puede venir acá con su pareja y disfrutar una noche romántica en un buen ambiente. Como ese comercial que vi donde ella lloraba en los brazos de él mientras cenaban, de hecho me emocioné mucho, casi lloro.
Javier comenzó a reír, todas las miradas se posaron en él y Roberto que estaba sentado al lado de él, quien le siguió el juego y también comenzó a reírse sin parar.
- Javier, hijo, ¿pasa algo?
- Lo siento mamá, es sólo que... ¿puedes creer cómo es Rodrigo? tan sensible, tan humano, tan... ¡devastado!
Javier se pone de pie y comienza a echarse aire en la cara con un papel.
- Sí, pues, muy sensible, ¿no Rodrigo?, cuando estamos hablando de un comercial cebollero. Pero en la vida real y cuando se trata de mí ¿dónde queda tu sensibilidad?, ¡en ninguna parte!, como cuando te dije que te amaba, ¡Y te dio lo mismo romperme el corazón! ¿¡verdad!? ¡ah!...¡aaaaaaah!
Javier sube las escaleras enojado y se va, dejando tras de él a todos asombrados.
Javier está en el segundo piso sentado en una silla. De pronto llega su mamá y se le acerca.
- ¿Vienes a retarme?
- No, sé lo que pasó entre tú y Rodrigo, la Vale me lo contó todo.
- ¿Te avergoncé?
- Javier, me da lo mismo que todo el mundo sepa, pero no puedes explotar de esa forma, debes aprender a dominar tus emociones.
- Entonces, ¿por qué lo contrataste a él?...entre tanta gente...¿debías contratarlo a él?
- Bueno, me gustó su currículum, y creo que hay que saber separar las cosas.
- Bien, intentaré no sacar mi rabia de esa forma...¿que tan difícil puede ser?, debo canalizarla de otra forma. Por favor, discúlpame.
Ya era de noche, no quedaba nadie en el restaurante, sólo Javier en la oficina de su mamá escribiendo algo en el computador. En ese momento entró Roberto.
- ¿Aún estás aquí?, se fueron todos.
- Trabajo en algo.
- ¿En qué?, si se puede saber.
- Estoy canalizando mi rabia de otra forma, le escribiré al Andrés diciéndole toda la basura que es el Rodrigo. Le daré 10 razones por las cuales debe terminar con él.
- ¿Por qué no me dijiste que era el Rodrigo?
- Lo siento, se me fue.
- Javier, ¿te das cuenta de lo que estás haciendo?, ¿por qué no puedes simplemente olvidarlo?
- No puedo.
- ¿Por qué no?, se terminó, él se lo pierde, supéralo.
- No puedo.
- Sí, sí puedes.
- No puedo, no puedo porque era feliz, porque toda mi vida estuve esperando por algo que nuca llegaba hasta que conocí al maldito.
Javier comienza a llorar
- Y no entiendo porque me cambiaron, como si hubiera algo malo conmigo, y me siento una basura.
Roberto se acerca a Javier y lo abraza.
- Cuesta creerlo Javier, pero volverás a amar, puede volver a ocurrir un milagro como ese, te prometo que el Rodrigo no será el único hombre en tu vida.
Javier abrió los ojos y se dio cuenta que se había quedado dormido en los brazos de Roberto. Los 2 se habían recostado en el suelo, conversando hasta que el cansancio y el sueño los venció.
- Parece que nos quedamos dormidos.
- Así parece.
- ¿Te sientes mejor?
- Algo, gracias.
- ¿Qué vas a hacer sobre tu venganza?
- Tengo una idea.
La idea que Javier tenía, consistía en hacer una noche de debate en el restaurante, donde el público pudiera opinar sobre un tema: “¿Qué opinan sobre la gente que cambia a su pareja por otra?”, sería algo lúdico donde el público podría participar y opinar. Y, al parecer, el plan resultó. Esa noche el restaurante se llenó, al parecer la historia de Javier era muy común, más común de lo que Javier pensaba, y eso en parte lo aliviaba. Había un pequeño escenario con un micrófono donde la gente podía subirse a opinar:
“Yo opino que esta bien, uno puede enamorarse y desenamorarse todas las veces que sea posible, uno no tiene la culpa, uno no puede controlar sus sentimientos”
“Encuentro que la gente que hace eso es una persona mal nacida, cómo alguien puede hacer eso sin importarle los sentimientos de la otra personas, porque mierda no pensó antes de estar con esa persona antes de decidirse a cambiarla”
Esas fueron algunas de las opiniones.
Al final de la noche ya nadie parecía tener ninguna opinión, la gente comenzaba a aburrirse y la mamá de Javier comenzaba a preocuparse. De pronto, Javier se paró en el escenario, todo el mundo se calló y lo miró fijo.
- Yo tengo algo más que decir.
Roberto se enojó y se fue sin que Javier lo notase.
- Muy pocos saben que yo fui el que organizó esta noche, y tal vez algunos se preguntarán ¿por qué?, ¡¿acaso no es obvia la respuesta?!. Yo salía con alguien, y sí que era feliz, era todo lo que necesitaba, hasta que me dejó, me cambió, sentí como todo mi mundo se derrumbó y nada parecía tener sentido, como si fuera imposible que un milagro así pudiera volver a ocurrirme, pero ¿saben algo?, sí puede ocurrir, a veces todo lo que necesitas es alguien que te diga que Rodrigo no va a ser el único idiota en tu vida.
Las miradas de todos los trabajadores del restaurante se voltearon hacia Rodrigo quien sonríe nerviosamente.
- Creo que no me había dado cuenta.
Javier se baja del escenario mientras toda la gente comienza a aplaudir.
- Mamá, ¿dónde está Roberto?
- Estaba aquí hace un minuto, debe haberse ido.
Javier sale del restaurante y comienza a correr, ve a Roberto caminando a espaldas de él y grita su nombre, Roberto se da media vuelta y se detiene, Javier llega donde él.
- Roberto...
- ¿Terminaste tu discurso?
- Deberías haberte quedado... Roberto, yo , lo siento...todo lo que siempre he necesitado ha estado al lado mío y nunca me di cuenta. Tal ves tú no pienses como yo, y tampoco pienses que te estoy usando como almohada porque tampoco es así...sólo necesito a alguien como tú, y sé que tú necesitas a alguien como yo que te pueda curar todas las heridas que te hizo ese tal Antonio, así que ¿qué dices?, me darás una oportunidad.
- ¿Qué podemos perder?
- Todo
- ¿Nada más verdad?
Ambos sonrieron, se abrazan y besaron.
“ Bien, muchos estarán pensando ¡oh! genial esta es otra historia con un final feliz, una historia que a mí aún no me ocurre. Pero, no se desesperen, si los alegra un poco, les contaré que terminé con Roberto después de 2 meses, pero bueno, habrá que esperar, un milagro puede ocurrir por tercera vez... ¿o no?”
sábado, 26 de abril de 2008
Encuentro en la niebla
Recuerdo que hacía mucho frío, estaba en medio de la calle mientras una fuerte niebla bloqueaba completamente mi vista, no podía ver nada. Me abrazaba a mí mismo intentando calentar mi cuerpo, intentando… no sentirme solo. Porque ella ya no está, se fue, ellos la apartaron de mí, para siempre. Lo único de lo que estaba seguro… es que nunca más la volvería a ver. No tengo a donde ir, no tengo a nadie más, no me queda NADA, sólo un completo y lleno VACÍO.Las personas pasaban al lado mío, algunos incluso chocaban conmigo, pero nadie se inmutaba, nadie hacia nada… NADIE. Comencé a llorar y a pedir ayudar, pero ni una sola persona me escuchaba, o mejor dicho, a nadie le importaba.
Realmente no sabía si esa niebla era sólo producto de mí imaginación o si realmente existía, tal vez no quería aceptar que ya no le importaba a nadie. Me tiré al suelo, ya no podía seguir llorando, desde que ellos la arrebataron de mí es lo único que había sabido hacer, ya me dolía la garganta y sentía que no quedaba ya ni una sola lágrima en mí. Era un trabajo inútil, no importaba que tan fuerte llorara o gritara, nadie vendría en mí auxilio, al menos así lo sentía. Llorar ni siquiera hacía que se aliviara el dolor, por lo tanto, ya no había motivos para seguir haciéndolo.
Pero de repente, la niebla empezó a disiparse, tampoco era que fuera un día soleado, pero al menos ya no sentía esa desesperación de no ver nada. A medida que las nubes se iban, vislumbré a un hombre que nunca había visto en toda mi vida de pie frente a mí. Ahora sé que en ese momento él tenía cincuenta años. El hombre se agachó, colocó su mano encima de mí cabeza, por un segundo pensé que me iba a golpear y hacerme lo mismo que ellos le hicieron a ella, pero en lugar de eso, empezó a hacerme cariño, ya ni recordaba lo bien que se sentía una mano frotando tú piel de una forma calida y cariñosa.
- ¿Quién es usted? – pregunté con un tono tímido pero no por eso menos expectante -.
- No te preocupes, no quiero hacerte daño.
- Pero eso no es lo que yo le pregunté.
- Ya habrá tiempo para que sepas mi nombre, lo bueno es que yo ya sé el tuyo.
- ¿Cómo lo sabes si yo nunca te he visto?
- Porque yo la conocí.
Una gran sonrisa se formó en mi boca, cualquier cosa que la revocara me causaba fruición.
- ¿La conociste?, ¿Cuándo? – le pregunté de una forma muy desesperada, necesitaba saber quién era él y cual era su conexión con ella.
- De toda la vida, yo solía jugar con ella cuando éramos niños, siempre la amé, pero nunca se lo dije, y ahora ya es demasiado tarde.
- Ellos…
- Yo sé lo que ellos le hicieron, pero eso ya no importa, lo único importante aquí es que ya no volverás a estar solo.
Inevitablemente mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas, supongo que era una especie de mezcla entre angustia y felicidad.
- ¿Vas a cuidar de mí?
- Sí, tal vez ya no pueda volver a estar con ella, a pesar de que la busqué durante toda mí vida desde que nos separaron, ya es muy tarde, pero al menos ahora podré cuidar su mayor tesoro.
Me puse de pie, el hizo lo mismo, tomé su mano y miré hacia arriba intentando ver su templada mirada que calmó toda esa angustia que llevaba cargando desde el día en que ella se fue de mí lado, y ahí lo comprendí, de una u otra forma… ella seguía conmigo.
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